
vía: SEDEMA
En la Ciudad de México, la basura no termina cuando se saca a la banqueta. A partir de ese momento inicia un recorrido que atraviesa calles, rutas de recolección, centros de transferencia y plantas de tratamiento. Durante años, ese trayecto existió sin una lógica común, hasta que la necesidad de reorganizar el manejo de residuos dio paso al enfoque de basura cero como un sistema para ordenar ese recorrido urbano.
Con el crecimiento de la ciudad, el volumen de residuos comenzó a tensionar la infraestructura existente. Entender cómo funciona hoy basura cero permite ver de qué manera la separación, la recolección y el aprovechamiento de materiales se integraron a un mismo esquema operativo.
El contexto internacional que impulsó basura cero en la ciudad
En octubre de 2019, durante la conmemoración del Día Mundial del Hábitat, la Ciudad de México colocó el manejo de residuos en el centro de su agenda ambiental. El encuentro, enfocado en tecnologías para transformar residuos en recursos, sirvió como escenario para anunciar una ruta hacia basura cero, alineada con principios de economía circular.
Durante los trabajos de ONU-Hábitat en el Museo Nacional de Antropología, autoridades locales y representantes internacionales coincidieron en que la ciudad requería reorganizar todo el sistema, desde la separación hasta el destino final de cada material. El enfoque dejaba claro que el problema no se resolvía solo con más camiones o nuevos rellenos.

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Cuando las cifras obligaron a replantear el sistema de residuos
En ese momento, la Ciudad de México generaba alrededor de 13 mil toneladas diarias de residuos urbanos, a las que se sumaban cerca de 16 mil toneladas de residuos de la construcción provenientes de obras públicas, desarrollos inmobiliarios y remodelaciones constantes. Más de 8,600 toneladas terminaban cada día en rellenos sanitarios, con un costo cercano a los 3 mil millones de pesos anuales.
Estos datos evidenciaron que el modelo tradicional ya no era suficiente. Bajo ese diagnóstico, basura cero se planteó como una estrategia para reducir de manera progresiva el volumen enviado a disposición final, reorganizando el sistema desde el origen del residuo.
Basura cero y la base normativa que ordenó la separación
Aunque el anuncio formal se dio en 2019, la ciudad ya contaba con un marco técnico previo. La Norma Ambiental NADF-024-AMBT-2013, vigente desde 2017, estableció la separación diferenciada de residuos para facilitar su aprovechamiento y evitar mezclas que afectan todo el proceso.
Esta norma definió fracciones claras: residuos orgánicos, inorgánicos reciclables, inorgánicos no reciclables y residuos de manejo especial. Su aplicación se volvió indispensable para que basura cero pudiera operar como un sistema técnico y no solo como una meta ambiental.

Basura cero y la separación que sostiene el sistema
A partir de 2020, la separación comenzó a consolidarse como el eje operativo del sistema. Los residuos orgánicos, al representar una fracción significativa del total generado, adquirieron un papel estratégico por su vínculo con procesos de compostaje y recuperación de suelos urbanos.
Los inorgánicos reciclables, como cartón, vidrio, metales y plásticos, dependen de una separación limpia desde hogares, oficinas y comercios. En paralelo, los inorgánicos no reciclables, incluidos los residuos sanitarios, requieren rutas diferenciadas para no contaminar otras fracciones y mantener la estabilidad del sistema de basura cero.
Ajustes operativos que afinó el manejo de residuos
Entre 2020 y 2022, el sistema avanzó a través de ajustes constantes. Se modificaron rutas de recolección, se reforzó infraestructura y se identificaron puntos donde la separación fallaba con mayor frecuencia. El aprendizaje fue claro: una bolsa mal separada podía afectar todo el recorrido posterior.
Durante este periodo, la clasificación dejó de verse como una recomendación y comenzó a asumirse como una condición operativa básica. La estabilidad de basura cero dependía directamente de lo que ocurría en el origen del residuo.

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Reducir el envío a relleno como objetivo medible
Con una estructura más clara, entre 2022 y 2024 el enfoque se desplazó hacia reducir de forma efectiva el envío a rellenos sanitarios. La meta fue disminuir hasta en 75% el volumen respecto a 2019, reforzando el control de grandes generadores y la coordinación entre separación y recolección.
Hogares, centros de trabajo y servicios públicos comenzaron a operar dentro del mismo circuito. Cada residuo correctamente separado alivió presión sobre la infraestructura y permitió que basura cero avanzara hacia una gestión más eficiente.
Economía circular y el aprovechamiento de los residuos
En agosto de 2025, el Gobierno capitalino presentó la estrategia Ciudad Circular: Basura Cero para Transformar la Capital, reforzando el enfoque de aprovechamiento de materiales. La propuesta priorizó el tratamiento de residuos orgánicos, el reciclaje y la reutilización como parte del funcionamiento urbano.
Esta etapa incluyó la modernización de plantas de composta, la ampliación de infraestructura para residuos orgánicos y proyectos especializados, como el aprovechamiento de llantas. La gestión de residuos se integró así a una lógica de economía circular urbana.

Ordenar antes de simplificar el esquema de basura cero
Hacia finales de 2025 se presentó Transforma tu ciudad, cada residuo en su lugar como un refuerzo operativo del sistema. Esta fase buscó alinear colores, calendarios y criterios para reducir confusión acumulada y preparar el siguiente ajuste sin romper la operación.
La intención fue ordenar antes de simplificar. Frente a la diversidad de esquemas existentes, la separación debía ser clara y entendible para sostener el avance de basura cero sin retrocesos.
Basura cero y el sistema que entra en vigor en 2026
A partir del 1 de enero de 2026, la separación en la Ciudad de México se reorganiza en tres fracciones principales: residuos orgánicos, inorgánicos reciclables y residuos especiales, donde se concentran los residuos sanitarios. Este ajuste aprovecha el orden construido en los años previos y reduce errores en la clasificación cotidiana.
Con este esquema, la ciudad busca reciclar o aprovechar al menos el 50% de los residuos generados diariamente. Más que un cambio aislado, se consolida un sistema que ya venía operando. Basura cero deja de entenderse como un objetivo lejano y se integra al funcionamiento cotidiano del manejo de residuos en la ciudad.


